EL TURISMO DE LUJO A MEDIADOS DEL SIGLO VEINTE EN ANDALUCÍA. EL VIAJE DE LA PRIMERA DAMA ARGENTINA DURANTE EL MES DE JUNIO DEL AÑO 1947
EL TURISMO DE LUJO A MEDIADOS DEL SIGLO VEINTE EN ANDALUCÍA. El viaje de la primera dama argentina DURANTE el
mes de junio del año 1947.
CARLOS PAREJO DELGADO
Un desplazamiento no apto para ninguna agencia de viajes. El crédito del gobierno de su esposo
Juan Domingo y la llegada masiva de trigo, maíz y carne en tiempos de dura
postguerra civil española, debía ser agradecido por el régimen franquista en su
justa medida. No se debía ahorrar en gastos. Y la Prima Dama y su séquito
dispusieron gratuitamente para su viaje de Buenos Aires a Madrid, de aviones
con aire acondicionado, fletados por la compañía Iberia.
Animadas jornadas desde la media tarde a la madrugada. Evita Perón, la Primera Dama argentina, a sus 28 años era de hábitos
crepusculares, quizás por su pasado de actriz de cine y locutora de radio. Y
los organizadores de su estancia andaluza se esforzaron por complacerla. Y
dispusieron de manera pionera de un conjunto de lo que hoy llamamos “visitas teatralizadas”.
Cuando sale la luna en Granada se le
organiza un paseo por los jardines del Palacio árabe de la Alhambra, donde un
grupo de cuerda toca (escondido a su vista)
desde la “Sevilla” de Isaac Albeniz hasta el “Amor Brujo” de Manuel de Falla.
Y en los jardines del Generalife y en el barrio de Sacromonte pudo deleitarse
con los cantes y danzas de la “zambra” gitana.
En Sevilla, tras una cena en el
Pabellón Mudéjar del Parque de María Luisa, se montaron varios tablaos en la
vecina Plaza de América, donde una vez más disfrutó del flamenco. Y su paseo nocturno por el
barrio de Santa Cruz fue amenizado por
un coro de “campanilleros”.
Sus paseos por calles y avenidas. En Sevilla tuvo lugar una de sus visitas más apoteósicas. Las
mujeres de la Sección Femenina acudieron a verla transitando muy lentamente en
un coche descubierto por la Avenida. Todas iban ataviadas con trajes de flamenca; Las aceras estaban decoradas con
gallardetes con las banderas de España y Argentina. Las campanas de la Giralda
repicaron todo el tiempo. Un juego de fuegos artificiales con los escudos de
ambas naciones se quemó en la Puerta Jerez. Y tras cruzar el puente inauguró la
nueva Plaza de Cuba y las Avenidas de la República Argentina y la Virgen de Luján, patrona de su tierra madre. En su
recorrido por la ciudad hispalense se habían soltado cinco mil de palomas en su
honor y Evita recibe una suave lluvia de pétalos de rosa salidos de los
canastos del público, como si fuera la Virgen María.
Si el paseo por tierra fue agradable,
su paso por el mar onubense no fue menos sorprendente. Para llegar del puerto
de Huelva al Monasterio de La Rábida se embarcó en una patrullera de la Armada
española, acompañada de cientos de embarcaciones marineras, decoradas con sus
coloridos gallardetes como si celebraran a su patrona, la Virgen del Carmen. Y
la acompañaban tocando sus sirenas y, al desembarcar en la Punta del Sebo la
cantaron a coro la Salve marinera.
Su lenguaje de las flores. Evita Perón homenajeó,
depositando coronas de laurel o ramos de flores, las tumbas más insignes de la
Hispanidad como la del rey Fernando o la
de Cristóbal Colón. Y, en un alarde de
generosidad, cuando se le acercaban niños o niñas para agasajarla con ramos de
flores, les cerraba las manos y al abrirlas contemplaban con admiración unos
ansiados “veinte duros”.
Visitas culturales. Los principales monumentos de cada ciudad española y sus más insignes capillas,
catedrales, conventos y monasterios fueron incluidos en la agenda diaria de
viaje de Evita.
Y como si fuera una autoridad civil o
eclesiástica, entraba “bajo palio” en
las catedrales. Cualquier católico o capillita del siglo veintiuno añoraría
hacer una “Gira Arco Iris” como la de Evita Perón por España y Andalucía. Subió
al camarín de la granadina Virgen de las Angustias y al de la sevillana Virgen
de la Esperanza Macarena. Al mirar a ésta última dicen que lloró emocionada, se
arrancó de sus orejas los dos aretes de oro y brillantes que las adornaban, y
los depositó en las manos de la venerada imagen. Y después llegarían las
visitas a la Virgen del Pilar a la de Monstserrat y a muchas otras en su estancia española durante veinte días.
Visitas a fábricas obreras y colonias campesinas. El partido justicialista o
peronista argentino pretendió abrir una tercera vía política entre el
capitalismo salvaje y los totalitarismos fascistas y comunistas. Los poderes públicos debían velar por la
mejora de las condiciones de vida de los “descamisados”, ya fueran obreros
industriales o campesinos. Las autoridades franquistas organizaron tres visitas
de contacto entre la primera dama argentina y sus queridos descamisados. La
primera en la fábrica granadina de El Fargue. La segunda en la fábrica de las
tabacaleras de Sevilla y la tercera para darle sus títulos a los nuevos colonos
que ocuparían la barriada rinconera de Torrepavas, recién puesta en regadío.
Un
nuevo look para cada ocasión. Hasta su ascenso a primera dama de la
política argentina, Evita usaba prendas austeras, de aire militar y poco
llamativas, del estilo de moda denominado
de la postguerra mundial”. Pero todo cambió cuando viajó a Paris. El
modisto francés Christian Dior hizo un maniquí con las medidas de Evita, donde
probaba sus nuevas creaciones.
Trajes de noche de blanco satén o
trajes de viaje con chaquetas escotadas y ajustadas a la cintura, y faldas
amplias y con vuelo. Los tejidos escogidos eran lujosos (como las sedas) y con
ellos se confeccionaba espectaculares vestidos
de lunares y con estampados florales. Se trataba de lo que el modisto llamó
un “nuevo look” para cada ocasión. Y este invento aún es seguido hoy en
día por mujeres que se afanan por ser
líderes defensoras de los trabajadores y los derechos de la mujer, sin
por ello renunciar a vestir exquisitamente…
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