BREVE HISTORIA DE LA
CALLE PAGÉS DEL CORRO DEL BARRIO DE TRIANA.
El casco antiguo del sevillano barrio
de Triana estuvo, durante siglos, protegido de las inundaciones del río
Guadalquivir por una “muralla” y una “cava” de un kilómetro de longitud. Cuando se urbanizó y cobró la fisonomía actual
(año 1893) la ciudad, agradecida, le dio el nombre a esta calle del teniente de
alcalde que la impulsó: Pagés del Corro.
Su anchura y trazado más o menos
rectilíneo a lo largo de un kilómetro, la convirtió en una especie de
circunvalación interior del viejo arrabal trianero.
La Calle Pagés del Corro se dividió
en dos tramos, la cava de los gitanos y la cava de los civiles, por encontrarse en esta última el cuartel de la
Benemérita, ya demolido (año 2017).
Su ubicación periférica, junto a la
entonces vega de Triana, hizo que allí proliferasen numerosos corrales de
vecinos donde el cante flamenco unía a sus vecinos payos y gitanos. Todavía a
principios de los sesenta se podían ver las fogatas que, para defenderse del
frío, montaba el vecindario a las puertas de sus corrales.
Muchos habitantes trabajaban en
alguna de las 40 fábricas de cerámica que llegaron a existir en Triana o en sus
fábricas de ladrillos. En esta calle funcionaba la fábrica de ladrillos de la
viuda del Pozo y talleres cerámicos y de pintores como el de Vicente Flores.
Tanto ladrillos como cerámicas y pinturas eran materias primas kilómetro cero
para bares y restaurantes como El Rinconcillo (esquina con la calle San
Jacinto).
Durante el primer tercio del siglo
veinte las viviendas de una sola planta empiezan a convivir con viviendas de
dos y tras plantas de arquitectura historicista, donde se vienen a vivir
familias más acomodadas. Muchas de ellas se han ido abandonando, o se han visto
alteradas a día de hoy, de manera que han ido perdiendo su fisonomía
primigenia.
El ayuntamiento construye entonces colegios públicos, algunos de tan bella factura como
el Grupo Escolar Reina Victoria
(rebautizado José María del Campo), obra del arquitecto Aníbal González. Las Hermanas de la Caridad de San Vicente de
Paúl inauguran también una escuela y una cocina económica para dar de comer a
los más necesitados. Estas cocinas
económicas han alimentado las familias más pobres de la posguerra civil, los
marginados sociales de la Modernidad 8hereoinomanos, hippies, etc.) y ahora a
muchos inmigrantes extranjeros. Tanto escuelas como la cocina económica se
mantienen en la actualidad, como herencia ya centenaria del caserío de la
calle.
También perviven, con sus respectivos
compases, sembrados con plantas y flores, el convento de las Monjas Mínimas y
la parroquia de San Jacinto. Solamente ha fenecido el gigantesco ficus que
sombreaba el cruce entre la Calle Pagés del Corro y la calle San Jacinto. Y ha
sido por la incuria humana. A ellos hay que añadir la austera Iglesia de Los
Paúles, próxima al barrio de Los Remedios.
Además de los corrales de vecinos y
viviendas del modernismo florece entonces un comercio de barrio muy diverso y
heterogéneo. En él se mezclan todavía los oficios artesanos decimonónicos (barreros
y ceramistas, carboneros, herreros, esparteros, etc.) con pequeñas tiendas como
las de ultramarinos y comestibles, confiterías, droguerías, ferreterías, marqueterías,
peluquerías, etc.
Las décadas del desarrollismo - durante
la dictadura franquista - suponen un brusco cambio del paisaje urbano de la
calle Pagés del Corro. Entre los años sesenta y los ochenta se expulsa a muchos
de los antiguos residentes de los corrales de vecinos, con la excusa de las
inundaciones y sus precarias condiciones
de salubridad. Se levantan entonces
bloques de pisos de tres, cuatro y cinco
plantas por aquí y por allá.
En estas décadas se generalizan los
automóviles privados familiares. La calle deja de ser terriza y se pavimenta con
asfalto para facilitar el tráfico rodado. A la par, va desapareciendo el primitivo
arbolado de brachichitos que la sombreaba
y la calle se naranjiza.
La calle Pagés del Corro se convierte
en vía principal de tráfico y lugar de aparcamiento de vehículos del
arrabal. Una bombilla colgando de un
cableado aéreo iluminaba la calle desde la atardecida al alba. Ahora se sustituye
por alumbrado en forma de jirafa, como el de las autovías. Por esta calle circulan
cada vez más masivamente los vehículos utilitarios de la época (Seat 600, 850 y
1200; Renault 4 y 8; Citroën dos caballos o Simca 1200), y el autobús urbano con el cobrador a la vera
de su puerta trasera.
Los bajos de muchos inmuebles, correspondientes a antiguos
corrales de vecinos, son ocupados por una decena de concesionarios y talleres
de automóviles. Sólo con los nuevos polígonos industriales irán emigrando a la
periferia urbana. Son los años de los
modernos hogares trianeros de los años sesenta a los noventa. Hogares que se decoran
con muebles nuevos. Y para ello se inauguran grandes comercios como Muebles
Rodri. Su eslogan era: “Piense un mueble, Rodri lo tiene”. Y también las décadas de los nuevos electrodomésticos,
de la radio y de la televisión. Las tiendas de componentes electrónicos e
imagen y sonido (como RCO Y Sonytel) viven su edad de oro.
Para el ocio de los sevillanos la
calle Pagés del Corro es la calle de los grandes cines de Triana, como los
cines de invierno Emperador, Fantasio y Corona Center y el cine de verano
Avenida. Como dice su vecino y escritor
Ángel Vela: “Ningún barrio de Sevilla
tuvo tantos cines por metro cuadrado”.
Vive sus últimas décadas la galaxia
Gutenberg, la del libro escrito en papel. La copistería papelería Arguelles o
la librería Bernal, entre otros establecimientos, se instalan en esta calle.
El paso de las carretera de la
romería del Rocío y le emergencia de los grupos de rock andaluz como (Smash y Triana), así como el dúo Lole y Manuel, dan fama y hacen de
Triana un barrio típico y festero. Cobran fama las fiestas flamencas que, en
Casa Anselma, se despiden a altas horas de la noche.
Sigue siendo también un barrio
popular y de gente sencilla. Los bares
de comida barata y las tiendas de comestibles son frecuentes, sin atisbar su
pronta desaparición con el cambio de siglo. Algunas sedes institucionales eligen este
calle, por su centralidad en el barrio como la oficina de Correos, hoy
desaparecida.
Llama la atención la proliferación de
entidades bancarias autóctonas (Banco de Andalucía, Caja de Ahorros San
Fernando y otras) y de la Banca nacional (BBV, Banco de Santander o La Caixa) en las aceras de esta calle.
Bancos que, tras la crisis económica de los años 2007-2008, casi han
desaparecido en este eje viario, trasladándose a otros lugares del arrabal
trianero como la Plazas del Altozano y San Martín de Porres.
Las
últimas décadas del siglo veinte y las tres primeras del siglo veintiuno
continúan los cambios en el paisaje urbano de la calle Pagés del Corro. La
última casa campesina de una sola planta
es demolida para construir un bloque de pisos y el mismo destino tiene el
antiguo cuartel. Quedan en pie todavía media docena de corrales de vecinos, que
empiezan a ser rehabilitados y se usan como apartamentos turísticos.
Los aparcamientos de la calle pasan a
ser vigilados y de control horario. El aparcamiento en doble fila sigue provocando
frecuentes atascos del tráfico. Sobre todo, a las horas en que los niños entran
y salen de los colegios. Encontrar un aparcamiento libre es una especie de
premio gordo de la lotería nacional.
Estas décadas son las que alcanza su
apogeo la civilización de las tiendas franquiciadas y del uso cotidiano de
internet, bien en los ordenadores o en los teléfonos móviles. Estas últimas ocupan
un privilegiado lugar en la calle y se dedican a la venta y reparación y venta de teléfonos móviles y sus
complementos (o carcasas) como Zero Digital.
Durante algunos años proliferan también
los bazares chinos que venden de todo y a precios baratos. Pero empiezan a
decaer o especializarse en el sector de la moda, cuando se instalan en los
bajos comerciales más amplios, sustituyendo a los antiguos concesionarios de
vehículos, las grandes cadenas franquicias de supermercados como DIA, EL
JAMÓN, LA CESTA, MAS, MERCADONA y PRIMA
PRIX. También desembarcan otras cadenas franquicias como las de comida rápida
(la americana Burger King) o de productos congelados (Tienda Cinco Océanos).
Tradición y modernidad alternan en
las aceras. Entre las primeras, tiendas o
bares cofrades, y tablaos y bares
flamencos o tiendas de trajes de
flamenca y sus complementos. Entre las segundas, servicios de depilación laser y de masajes, talleres de tatuaje, gimnasios contemporáneos
y nuevas tiendas de informática y de prendas de moda.
La presencia institucional cambia a
la otra acera- Allí se inauguran el Consejo
Audiovisual de Andalucía y una Administración de Hacienda. Y frente a ellas, la primera
Notaría de Triana.
Las obras sociales se han ampliado en
la calle Pagés del Corro con la inauguración de la Fundación Costaleros para un
Cristo Vivo del padre Leonardo Castillo y con la Obra Social de la Hermandad de
la Esperanza de Triana. La fachada maciza y minimalista de esta última oculta
un secreto. A su espalda se ha rehabilitado uno de los corrales de vecinos
mejor conservados del caserío trianero: El corral de la Encarnación.
Además de las obras sociales en esta
calle han aterrizado dos tipos de tiendas diametralmente opuestas. Por un lado,
las tiendas gourmet como cómete el mar, chacinas Castillo o Quesos zamoranos. Y
por otro, tiendas solidarias que venden productos casi nuevos o de segunda mano
a precios módicos como la librería el Club de los Raros y la tienda de la Fundación de enfermos piel
de Mariposa. Y, por un corto periodo de
tiempo, una Galería de Arte. Con todo esto, ahora será el turismo el principal
sector económico que se implante en el caserío de la calle Pagés del Corro. Por
esta calle pasa un bus turístico en sus rutas habituales. Se inaugura el hotel
de lujo ZENITH y dos cadenas de apartamentos. Luego vendrá la proliferación de
pisos turísticos de una punta a otra de Pagés del Corro, que pretenden
aprovechar el “tipismo” del barrio.
A su rebufo se han ido inaugurando en torno a media
docena de tabernas y bares típicos de la gastronomía sevillana como Las Golondrinas,
Alboroque o La Parrala.
Este sector del barrio de Triana ya
pertenece a las familias de ingresos altos y medios, como el vecino barrio de Los
Remedios, por el precio astronómico de sus pisos. Y como botón de muestra su gran
densidad de farmacias, que son inauguradas en los últimos años u van de una
punta a otra de la calle.
Otra señal del cambio de estatus de la calle Pagés del Corro es la
inauguración de medio docena de centros médicos (como el de Sanitas) y clínicas
privadas diversas (dentales, oftalmológicas, de reproducción asistida o de
cirugía estática y podología), surgidas los últimos años.
Como otras calles históricas los
vecinos y autoridades han ido inaugurando placas conmemorativas de su devenir
en el último siglo. Una de ellas conmemora que aquí vivió el torero Gitanillo
de Triana, antes que lo matara el toro Fandanguero en el año 1931; Y otras que
aquí nacieron el guitarrista Rafael Riqueni y el humanista estudioso de las
costumbres del arrabal trianero, Ángel Vela.
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